Tras el espejo

La página de mis ideas

La aldea

Había una vez en un remoto y solitario paraje, tan remoto y solitario que no aparece en ningún mapa, una pequeña aldea.

Dicha aldea se dividía en tres clases de aldeanos, los de las zonas bajas, la zona centro y la clase alta, que vivía en la zona alta, claro. Las tres clases de aldeanos vivían bastante bien, sin conflictos entre ellos. Cada una de las clases se dedicaba a lo suyo y vivía en paz con el resto.

Un frío día de invierno, llegó a la aldea un extranjero. Los aldeanos estaban sorprendidos, ¿cómo había conseguido llegar hasta allí?. Pero como el extranjero parecía buena persona decidieron que le dejarían quedarse, la decisión la tomaron entre la zona alta y la zona centro, los de las zonas bajas se mantenían indiferentes por el momento ya que no habían tenido mucho trato con el extranjero, aún así les despertaba buenas vibraciones.

Poco a poco el extranjero se fue asentando en la aldea, con sus palabras y conocimientos llegó a conquistar a los aldeanos de la zona alta, con hechos y detalles fue ganándose a los de la zona centro y sus maravillosos trucos despertaron la admiración de los de las zonas bajas.

Ante tal expectación los habitantes de la zona alta comenzaron  rebuscar en los archivos algo que habían leído una vez en algún libro…Una profecía.

Dicha profecía decía que un día en lo más crudo del invierno llegaría a la aldea un extranjero que con el tiempo iría consiguiendo el cariño y la lealtad de todos los aldeanos, los unificaría y sería nombrado gobernador.

Los habitantes de la zona alta estaban impresionados, ¿sería posible? ¿Era ese extranjero el llamado a traer la paz y la felicidad de la aldea?. Decidieron que por el momento era mejor no decir nada y dejar que las cosas se fueran desarrollando naturalmente.

Pero fue pasando el tiempo y llegó un día en el que las palabras del extranjero no llenaban a los aldeanos de la zona alta como antaño, lo hechos y detalles que habían despertado la ilusión de la zona centro ya no eran igual de bien recibidos que al principio, por otro lado los aldeanos de las zonas bajas seguían encantados con los trucos y las habilidades del extranjero.

A pesar de todo, los de las zonas alta y centro se daban perfecta cuenta de que cada vez que miraban al extranjero éste notaba el cambio que se había obrado en los aldeanos sin saber por qué y éstos apartaban la mirada para que no lo notase en sus rostros

Ni siquiera ellos mismos sabían a qué se debía ese cambio, el extranjero seguía siendo maravilloso y genial, pero ya no conseguía causar el efecto inicial en la aldea.

Un día de verano decidieron reunirse en consejo los representantes de las tres zonas de la aldea. No podían seguir así y mucho menos hacer daño al extranjero que tan bien se había portado con ellos.

Los de las zonas bajas eran los más reticentes a que el extranjero se fuera, ellos seguían encantados con él. Pero tras mucho dialogar los aldeanos de las zonas alta y centro hicieron ver al resto que no sería justo retener al extranjero por un capricho, ya que al final ni él mismo sería feliz en dicha situación.

Así fue como un día, ya casi iniciado el otoño, se llevó a cabo una reunión entre todos los aldeanos y el extranjero. Éste ya se imaginaba por donde iba a ir la cosa, había notado el cambio que se estaba produciendo y se sentía desesperado por no saber cómo solucionarlo.

Los aldeanos intentaron explicarle la situación al extranjero, que por supuesto la entendió, pero no quería creer que fuera posible, había sido tan feliz entre ellos…

Finalmente, con lágrimas en los ojos de todos los aldeanos y del propio extranjero, una tarde cogió el camino que lo sacaría de aquella aldea y le devolvería al mundo real.

Fue un momento muy duro para toda la aldea que se sentía perdida y vacía, sabían que habían dejado marchar a una persona muy especial y que probablemente pasaría mucho tiempo hasta que alguien así volviese a aparecer por la zona.

Pero los aldeanos de la zona alta, viéndole partir en silencio desde sus atalayas y con una opresión asfixiante en el pecho, sabían, creían haber hecho lo correcto….

Ésa no era la aldea de la que hablaba la profecía.

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24 septiembre, 2008 Posted by | Desvaríos varios | 2 comentarios

   

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